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El ruido excesivo lesiona el oído interno, por lo que existe una alta probabilidad de que una exposición repetida a elevados niveles de ruido cause hipoacusia, la cual no es otra cosa que la disminución de la sensibilidad auditiva en una persona.

Quienes están expuestos continuamente a ruidos agudos son más propensos a sufrir de hipoacusia. Se ha demostrado que estos son más nocivos que los tonos graves. Puesto que los tonos agudos prevalecen en el medio industrial, en sus trabajadores se registran más casos de hipoacusia relacionada con el trabajo.

Los tipos y las clasificaciones de hipoacusia son:

– Transmisión: afecta la cadena de huesecillos del oído, encargados de convertir la onda sonora en un impulso entendible por el cerebro.

– Percepción: afecta al nervio vestibucoclear, el encargado de convertir el impulso auditivo en un estímulo que puede ser interpretado por el cerebro.

– Mixta: se trata de pacientes que presentan pérdidas sensoriales (sienten los sonidos) y conductivas, debido a problemas en el oído externo, medio e interno.

– Central: son las lesiones ocasionadas sobre los centros auditivos del cerebro.

Las hipoacusias también tienen una clasificación dependiendo de su gravedad:

– Ligera: caracterizada por el impedimento de escuchar conversaciones a distancia o en lugares ruidosos.

– Media: se identifica por la dificultad de tomar parte en cualquier tipo de conversación.

– Severa: las personas escuchan únicamente conversaciones muy altas y a no más de 30 cm de distancia.

– Profunda: solamente pueden escuchar los sonidos ambientales que son muy intensos.

La hipoacusia como enfermedad ocupacional

La hipoacusia está reconocida como una enfermedad profesional. El riesgo de padecer hipoacusia como enfermedad profesional se incrementa si en el ambiente laboral no se toman las medidas preventivas adecuadas. Para quienes trabajen en ambientes industriales es importante tener en cuenta que la pérdida auditiva se produce de manera progresiva y se diagnostica cuando el daño ya es irreversible.

Aunque la pérdida de la audición es la causa más frecuente, el ruido también genera estrés, fatiga y pérdida de la capacidad de comunicarse y reaccionar; que en períodos prolongados pueden originar accidentes y producir problemas digestivos, nerviosos y circulatorios.

El principal síntoma es la hipoacusia parcial o completa, que puede empeorar con el tiempo por la continua exposición, y en ocasiones está acompañada de ruido en el oído.

Prevención de la hipoacusia ocupacional

Para prevenir la sordera profesional en los trabajadores, las empresas deben tomar medidas como:

– Sustituir la máquina o el proceso de trabajo.

– Aislar o cambiar de lugar la fuente de ruido.

– Disminuir el ritmo de trabajo de las máquinas.

– Realizar el adecuado mantenimiento de la maquinaria.

– Reducir el tiempo de exposición de los trabajadores.

– Realizar las operaciones más ruidosas cuando esté presente el menor número de trabajadores.

– Rotar las tareas.

– Proporcionar protectores auditivos a los trabajadores.

Jurisprudencia de la hipoacusia laboral

La sordera laboral es una enfermedad que puede ser merecedora de una incapacidad laboral, la cual se puede obtener en:

– Grado total: se da cuando la labor del trabajador exige de buena audición, tales como los puestos de teleoperador o de atención al público.

– Grado absoluto: cuando afecte a ambos oídos en un grado elevado y también se presenten otras lesiones.

– Grado de minusvalía: cuando se pierde la audición y se toman en cuenta los resultados de una audiometría para realizar el diagnóstico. Tomando en cuenta el grado de la pérdida de audición, la hipoacusia grado minusvalia será clasificada como benigna, leve, severa, moderada o profunda.

La pérdida de audición es componente de una invalidez permanente laboral. Igualmente, la incapacidad o minusvalía pueden obtenerse por sordera de un solo oído. Quienes padecen de sordera unilateral pueden conseguir una incapacidad permanente total si se dedican a labores que exigen conducir, puesto que la incapacidad los hace incapaces de determinar la dirección de los sonidos. Por su parte, la sordera parcial se da cuando la capacidad auditiva disminuye entre los 60 y los 90 decibelios y también será merecedora de un grado de minusvalía.

¿Cuáles son los grados de incapacidad permanente?

– Incapacidad permanente parcial: se da cuando la situación de incapacidad es permanente, sin alcanzar el grado total, y ocasiona el trabajador una disminución de, al menos, el 33 % de su rendimiento normal. Sin embargo, no le impide desempeñar las tareas fundamentales de su profesión.

– Incapacidad permanente total: es la que inhabilita al trabajador para la realización de las tareas de su profesión, sin quitarle la posibilidad de dedicarse a una profesión u oficio distinto. Dentro de esta incapacidad existen casos especiales, determinados por la edad (mínimo 55 años), la falta de preparación general o especializada y circunstancias sociales y laborales de residencia, que dificultan la obtención de otro empleo diferente al habitual.

– Incapacidad permanente absoluta: inhabilita por completo al trabajador para realizar cualquier tipo de oficio o profesión.

– Gran invalidez: se usa para el trabajador perjudicado por una incapacidad permanente, con la presencia de pérdidas anatómicas o funcionales, por lo que necesita de la ayuda de otra persona para realizar actividades como vestirse, asearse, comer o tomar sus medicamentos.

Revisa tu audición

Es importante, si se trabaja en un ambiente con alta contaminación acústica, realizar revisiones periódicas de la audición. Al mínimo signo de pérdida auditiva, recomendamos acudir al centro auditivo en el que se realizará un estudio completo de la audición y te asesorarán para evitar una mayor pérdida de audición. Pide Cita en tu centro auditivo Connecta más cercano y te asesoraremos sobre cómo prevenir y evitar tus pérdidas auditivas.

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